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Idea, contribución a la historia de la teoría del arte

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En 1924 se publica "Idea" de Erwin Panofsky, para muchos su primer trabajo ambicioso y, desde luego, una propuesta seminal de lo que van a ser sus contribuciones posteriores donde se plantea una pregunta reiterada: ¿qué significados se esconden tras las apariencias de las imágenes? El libro, en diálogo con Cassirer, se aproxima a los asuntos de lo bello y el arte en los diálogos de Platón y llega en un momento esencial para la construcción de los cimientos de la Historia del arte que empieza a consolidarse de la mano de Riegl, Wölfflin y Warburg —este último decisivo para Panofsky—, quienes entre mediados de los 80 y finales de los 90 del 1800 elaboran los principios fundacionales de la disciplina tal y como se la conoce. Aunque lo más interesante del autor, cuyo vastísimo conocimiento que despliega frente al apabullado lector contemporáneo que aspira a empaparse de la cultura prodigiosa de la cual hace gala, es una forma de trabajo desjerarquizada que parece aplicarse de igual manera a todas las obras sin tener en cuenta la “calidad” de las mismas. Esa mirada desjerarquizada plantea una idea muy contemporánea, próxima a los “estudios visuales”: a cada época le corresponde un sistema de representación visual que facilita la lectura de cualquier imagen que surge dentro del mismo.

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Idea, contribución a la historia de la teoría del arte, Erwin Panofsky

Jazyk
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2013
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Titul
Idea, contribución a la historia de la teoría del arte
Jazyk
španělsky
Vydavatel
Cátedra
Rok vydání
2013
Vazba
pevná
Počet stran
280
ISBN10
843763203X
ISBN13
9788437632032
Série
První vydání
1924
Původní název
Idea. Ein Beitrag zur Begriffsgeschichte der älteren Kunsttheorie
Hodnocení
4,2 z 5
Anotace
En 1924 se publica "Idea" de Erwin Panofsky, para muchos su primer trabajo ambicioso y, desde luego, una propuesta seminal de lo que van a ser sus contribuciones posteriores donde se plantea una pregunta reiterada: ¿qué significados se esconden tras las apariencias de las imágenes? El libro, en diálogo con Cassirer, se aproxima a los asuntos de lo bello y el arte en los diálogos de Platón y llega en un momento esencial para la construcción de los cimientos de la Historia del arte que empieza a consolidarse de la mano de Riegl, Wölfflin y Warburg —este último decisivo para Panofsky—, quienes entre mediados de los 80 y finales de los 90 del 1800 elaboran los principios fundacionales de la disciplina tal y como se la conoce. Aunque lo más interesante del autor, cuyo vastísimo conocimiento que despliega frente al apabullado lector contemporáneo que aspira a empaparse de la cultura prodigiosa de la cual hace gala, es una forma de trabajo desjerarquizada que parece aplicarse de igual manera a todas las obras sin tener en cuenta la “calidad” de las mismas. Esa mirada desjerarquizada plantea una idea muy contemporánea, próxima a los “estudios visuales”: a cada época le corresponde un sistema de representación visual que facilita la lectura de cualquier imagen que surge dentro del mismo.